jueves, 15 de abril de 2010

Proponen que se multe a los padres de los alumnos indisciplinados

En las aulas extremeñas hay indisciplina. Casi nunca se trata de comportamientos de alta intensidad, como la agresión física o verbal de los alumnos hacia sus profesores, aunque tampoco faltan muestras de ella. El problema principal se encuentra en la denominada de baja intensidad, que es continua y creciente, tal y como coinciden en afirmar los docentes que la sufren de manera directa. Es más silenciosa, pero no por ello menos grave. Es, sobre todo, lo que más preocupa a los profesores extremeños.
La protagonizan esos chicos que se dedican a molestar por sistema, que no se concentran en clase y pasan las horas comprometiendo a los demás a base de codazos; chavales que provocan constantemente cortes en el discurso del profesor, que llegan incluso a plantarle cara; que tienen afán de protagonismo y notoriedad... «Hay compañeros que se han acostumbrado a dar sus lecciones como si estuvieran en el metro a hora punta», indica de manera significativa Alfredo Aranda, vicepresidente del sindicato PIDE del Profesorado Extremeño. «Estamos llegando a límites preocupantes -asegura- con consecuencias como niveles que bajan, aumento del fracaso escolar o niños débiles que acaban yéndose al grupo de los más difíciles».
La situación es reconocida por el resto de los sindicatos que representan la educación extremeña. «La inmensa mayoría de las llamadas recibidas en el teléfono del Defensor del Profesor de ANPE son los problemas para dar clases que de manera continuada inciden directamente en la salud del docente», añade Francisco Venzalá, vicepresidente de la Asociación Nacional del Profesorado Extremeño. Al hilo de esta situación piden, incluso, que se revisen las enfermedades profesionales con el fin de incluir «las que se derivan de la propia función docente».
Afonía, depresión, estrés, ansiedad, podrían ser algunas de las directamente achacables a la tarea de educar en el aula.
Lo preocupante de esta situación quedó ya descrito en el año 2006 a raíz de la encuesta sobre conflictividad en los centros extremeños realizada por el sector de la enseñanza de CSI-F, que asegura que se trata de la única realizada en la región sobre este tema. «Los desplantes, insultos, falta de repeto...aunque parecen menos graves, dejan más secuela entre el profesorado, pues son continuos y van minando y menoscabando la autoestima profesional. La baja conflictividad es el problema más grave y difícil de resolver; es la que está destruyendo la convivencia en nuestros centros educativos».

Periódico HOY

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